Es importante tener en cuenta que la facilidad con la que se pueden convertir los activos en efectivo depende en gran medida del tipo de activo y su valor en el mercado. Los seguros de vida o los fondos fiduciarios no se consideran activos líquidos porque el tiempo que se requiere para convertirlos en efectivo es prolongado. En cambio, los bonos, los certificados de depósito, las inversiones y los bienes raíces son activos altamente líquidos, ya que el tiempo de espera para convertirlos en efectivo es inmediato o reducido.
A veces, los términos liquidez y solvencia financiera se confunden y se utilizan incorrectamente. La solvencia se refiere a la capacidad de una empresa para generar fondos para adquirir deuda. La liquidez, por otro lado, se refiere a la capacidad de la empresa para generar efectivo a partir de sus activos.
En momentos de crisis económica o cuando la empresa tiene dificultades para obtener créditos u otras herramientas financieras, la liquidez es un aliado crucial para mantener las operaciones de la empresa en marcha. Por eso, es importante que las empresas presten atención a su nivel de liquidez y tomen medidas para mantenerlo saludable.